Al Green fue uno de los grandes cantantes de la música negra de los años ´70. Su éxito fue a la par del conseguido por Marvin Gaye en los mismos años, gracias a un sonido sensual y personal, donde el buen gusto y el groove caminaban de la mano. Después, la fatalidad se interpuso en su camino, cuando una amiga con un alto grado de locura, tomó una de sus palabras como un rechazo amoroso y le arrojó agua hirviendo a la cara para después suicidarse. Ese tremendo suceso lo arrojó en brazos de la religión, se hizo pastor, y dedicó su vida a cantarle a Dios.
Un buen día, sintió la necesidad de volver a la música popular de la mano de Willie Mitchell, su productor de los grandes días, y si bien el éxito no volvió a golpear a su puerta de un modo contundente, su salud artística se comprobó en buen estado. Lay it down, su último trabajo, completa una trilogía que se inició en 2003 con I can´t stop y continuó dos años más tarde con Everything´s OK. Dentro de este contexto, Lay it down se presenta como un triunfo mayúsculo.
Nunca ha sido fácil para un artista que tuvo un retiro de tantos años, recobrar la mejor forma de su música. Para que esto haya sucedido, hizo falta una pieza clave: ?uestlove, el baterista de The Roots, que además de percutir los parches, es el productor de este álbum, que revive el añejo sabor del soul que Al Green amasó en sus días de oro. Baladas bluseadas, temas mid-tempo con un alfombrado de cuerdas celestiales y alguna que otra canción desesperada (en el sentido más romántico del término), conforman un disco cuyo sonido se torna hipnótico y cautivante.
Lay it down no es ni más ni menos que un excelente álbum de soul de la vieja escuela. Y en tiempos donde el soul ha revivido de la mano de mujeres como Joss Stone, Amy Winehouse y Duffy, venía siendo hora que un hombre de la vieja guardia diera un paso al frente para demostrar exactamente cual es el verdadero sabor del género. Discazo.
Sergio Marchi
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