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Konk
“Inside in / Inside out” - The Kooks
“Konk” – The Kooks
Kooks, The
El placer fugaz también es placer.

20.06.2008

No hay muchas chances de que nos acordemos de The Kooks dentro de veinte años. Salvo que peguen un timonazo de carrera y se despachen con una inesperada obra maestra que nos haga caer de traste (se han visto casos: Radiohead, sin ir más lejos), no hay nada en sus dos álbumes editados hasta el momento que nos indique que pasarán a la historia. La suya es música que –a decir verdad– no se ahoga en el mar de la intrascendencia británica moderna, pero sí se para de puntitas para respirar en una escena que, de mediados de los ’00 en adelante, parece escupir bandas que, con un poquito de pop y otro cachito de new wave, edifican toda una trayectoria multivendedora.

Y sin embargo, antes de que el lector avizore una reseña cruel, le hacemos una aclaración: Konk está bárbaro. Porque la clave del buen pop no es la trascendencia sino la inmediatez, cosa que le chorrea a estas doce canciones que parecen haber sido escritas con el manual de instrucciones del género en la mano.

Los Kooks, que grabaron Konk, gustan mucho de los Kinks (y ahí termina toda referencia K). Es tan clásicamente británico lo que hacen estos cuatro muchachos de Brighton que casi da fiaca repetirlo: guitarras pícaras y moderadamente desprolijas impulsan melodías zangoloteantes que desembocan en estribillos que se pegan a la mente como chicle al pelo. Porque… ¿quién se puede resistir a un “do you wanna/ do you wanna/ do you wanna make love to me” entonado con ímpetu de rockstar banana rodeado de señoritas en un boliche a las 4 de la madrugada? Por el medio hay canciones estándar en el mal sentido, como “Stormy weather” o “Gap”, pero más hacia el final llega el dulce: temas de espíritu acústico como “Tick of time” y “Walk away", completamente descontracturados y nacidos para hacernos sonreír. Y eso sí que funciona.

Lo dicho: Konk puede ser pan para hoy y hambre para mañana, pero en materia de placer fugaz, es uno de los productos más interesantes que hay en el mercado. La idea es hacerlo dar vueltas en el reproductor de CD hasta que se gaste, luego darle vacaciones y, a la larga, quien sabe, quizás revisitarlo de vez en cuando. Porque en algún momento nos va a empalagar, pero a esa altura, ¿quien nos va a quitar lo bailado?

Diego Mancusi