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Flavors of Entanglement
Alanis Morissette, invitada en Nip Tuck
"Anywhere I lay my head" – Scarlett Johansson
“Flavors of entanglement” – Alanis Morissette
Alanis Morissette
Sin la irritabilidad adolescente, la canadiense enfrenta otra separación.

18.06.2008

Después del enojo envasado en Jagged little pill y toda esa angustia adolescente traducida en gritos y reclamos que la ruptura amorosa le provocaron allá por el 1995, Alanis Morissette decidió bajar un cambio. Como si justito después hubiera decidido enlistarse en uno de esos cursos de manejo de la ira que tan famosos son en los Estados Unidos, el tan mentado sucesor (Supposed former infatuation junkie, de 1998) apartó la furia rockera para darle paso al misticismo hindú, que junto con pinceladas electrónicas moldearon el sonido Morissette post-Jagged.

La historia se repite en Flavors of entanglement, su más reciente LP. Alanis vuelve a ser víctima de un abandono amoroso, mucho más high profile que el de poco más de una década atrás: el actor canadiense Ryan Reynolds fue el encargado de romperle al corazón a la cantante tras ser conquistado por la bellísima Scarlett Johansson. ¿Qué hizo Alanis esta vez? Asesorada por Guy Sigsworth (colaborador de Björk y Madonna), la canadiense abrió su corazón y lo convirtió en canción, lejos ya de la ira de su opera prima y más cerca de una tristeza que desgarra. Flavors of entanglement abunda en referencias directas y de bajo grado de distorsión sobre el tema: “Extraño tu olor y tu estilo…” (dice al comienzo de “Torch”), “Miranos como rompemos nuestros lazos en ésta cocina” (canta en “Underneath”) o “Este es un agradecimiento por dejarme entrar” (comenta con otro ánimo en “In praise of the vulnerable man”).

Conjugándose con la temática de turno, los climas musicales van variando a lo largo del álbum: un extraño new age étnico invade la atmósfera en “Moratorium” y “Citizen of the planet”, Alanis termina de hacer su entrada al siglo XXI con la electrónica moderna de “Straitjacket” y no deja de lado las baladas de piano que dan escalofríos como “Not as we” (su voz, expresiva y celestial conmueve como pocas). Así, logra engranar un disco pequeño pero intenso; sin el mismo éxito que el de Jagged little pill, la canadiense presenta un trabajo emocionalmente inflamable pero con mucha más paz interior.

Jesica Rosenberg