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| ¿Qué disco de pronta edición esperás con más ansias? |
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| “Funplex” - The B-52’s |
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B-52
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Alegría pop para melancólicos de boliche.
12.05.2008
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Nunca intentaron despertar a las masas de su letargo, jamás quisieron tirar al tacho de basura las reglas del mercado musical ni tampoco se propusieron desafiar los límites de la experimentación hasta lo desconocido. Con metas no tan ambiciosas pero no por eso menos importantes, B-52’s regresa a la arena musical con el mismo espíritu festivo y el objetivo de siempre: divertirte. Funplex es el disco que marca la vuelta del cuarteto tras dieciséis largos años de ausencia y que conceptualmente, antes siquiera de quitarle el nylon al álbum, se enreda en una suerte de interrogante: ¿Podrán estos señores que rozan los sesenta mantener vigente la onda fiestera sin dar vergüenza o escucharse pasados de moda?
El arte de tapa no es especialmente esperanzador: la foto de los cuatro integrantes adornando la portada muestran a Kate Pierson y Cindy Wilson como dos androides setentosas escapadas del set de Austin Powers dejando a los chicos, Fred Schneider y Keith Strickland -menos extravagantes-, mucho mejor parados. Luego de atravesar sin mucho éxito la barrera visual, llega la hora de la verdad. El singular sonido retro-modernoso que marcó a fuego la carrera de este grupo de Georgia, ese que hizo de “Love shack” y “Rock lobster” éxitos indiscutidos, se despliega a lo largo de las once canciones que dan vida a Funplex casi con la misma fidelidad de antaño.
Las intervenciones cuasi-esquizofrénicas que Fred Schneider mantienen con Kate y Cindy decora buena parte de “Hot corner”, “Pump” combina un poco de rock con electro-futurista, cáscara de pop orgánico con algunas pinceladas de vocoder hacen de “Deviant ingredient” un hallazgo extraño dentro del disco y un touch de oscuridad “depechemodeana” ambientan “Eyes wide open” evidenciando cierta variedad pero también el conservadurismo de las formas. A excepción de algunos trucos synth y ruiditos robóticos que nos recuerdan que el calendario aún está anclado en el 2008, el material bruto de las canciones que integran el disco nos transportan sin escalas de regreso a 1985. Y sin sorprender pero logrando su cometido de divertir, The B-52’s hace su entrada al siglo veintiuno con vigencia y mucho ritmo.
Jesica Rosenberg |
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