Con Sistema nervioso central, su álbum anterior aparecido en 2006, Estelares pasó de ser una promesa a una realidad constante y sonante. Como pocas veces, prensa especializada y público aunaron sus criterios para echar loas sobre sus cálidos, perfectos y encantadores temas.
Una mayor difusión radial y una asistencia perfecta en cuanto festival se les puso por delante colaboraron para que su propuesta – sostenida en logradas melodías que combinan el sonido guitarrero de Television con aires tangueros y la impronta del rock argentino más clásico (Litto Nebbia, García, Páez, Andrés Calamaro) – arribara a niveles más altos y a oídos nuevos.
La “pregunta del millón” entonces no tardó en surgir: ¿cómo hacer para, al menos, igualar los resultados de Sistema nervioso central? Sin desesperarse, el cuarteto de La Plata da la respuesta en “Melancolía”, el segundo track del “recién nacido” Una temporada en el amor, cuando, a modo de declaración de principios, canta: “Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento”. Ni más ni menos. En lugar de enfrascarse en la búsqueda de alguna rara fórmula para llamar la atención, de cambiar por cambiar o de hacerse los difíciles y ambiciosos porque sí, Estelares se refugió en su más preciado tesoro – su habilidad para despachar melodías de una belleza y simpleza inolvidables – y le dio una vuelta de tuerca a partir de la madurez y de una mayor experiencia adquiridas en estos últimos y auspiciosos años.
Como ocurre en el mundo del automovilismo, la banda retomó su exitoso prototipo anterior, le hizo algunos pequeños retoques y ajustes y volvió una vez más a confiar en Juanchi Baleirón (¿el quinto estelar?) para, desde la producción, pulir al máximo las aristas y lo que estaba demás y así brindar un producto fresco, atractivo, actual y ciento por ciento Estelares.
En este quinto trabajo discográfico, el grupo continúa retratando sus típicas historias de amor y desamor, soledad, la vida en gira (“Hoteles”) y Manuel Moretti conserva en su modo de cantar ciertas fraseos tangueros. Sin embargo, todo suena más grande, más gordo, poderoso y, en pasajes como “Superacción” y “Los 90”, desgranan riffs hiper rockeros que sacuden el espíritu pop que gira alrededor de todo el álbum. Los arreglos, los pianos, las varias guitarras (acústicas y eléctricas), los coros y los vientos acompañan sin saturar y más de un estribillo posee el gancho suficiente para sonar sin ninguna duda en cualquier FM y pegarse en el cerebro como chicle al zapato.
Vayan como ejemplo las exquisitas “Cristal” (con reminiscencias de Los Gatos), “Las trémulas canciones” (Ariel Rot en guitarras) y “No hay más”; el soplo beatle (y en particular de George Harrison) en “Máscaras” (coros de Super Ratones) y el valseado “Autobuses” con Fito Páez en piano y voz invitadas.
Una temporada en el amor – que se luce también por el cuidado diseño gráfico e ilustraciones a cargo de Juan Soto – no sólo dejará enormemente satisfechos a sus seguidores sino que significa un salto de calidad que, probablemente por su sencillez e inmediatez, despierte curiosidad en nuevas audiencias.
Ahora que los popes del rock argentino de los 90 decidieron pasar a “cuarteles de invierno”, parece ser el momento ideal para que Estelares dé el zarpazo y salga de una vez por todas “campeón” después de varias temporadas jugando (y muy bien) en Primera. Con este flamante material no puede fallar. Sin dudas, uno de los discos nacionales del año.
Gabriel Hernando