La densidad visual del booklet interno del álbum es aún más abrumadora que la sección de clasificados de cualquier diario; está claro que durante su temporada alejado de los medios, Eminem acumuló una buena cantidad de cosas para decir. Relapse es algo así como el testimonio musical de sus últimos cinco años, un período marcado por la pesadilla de haber atravesado adicciones y rehabilitaciones, recuerdos amargos de su niñez (el padrastro abusador de "Insane") y la acostumbrada burla a los personajes de la jungla hollywoodense que desfilaron en su ausencia (Lindsay Lohan, Amy Winehouse, Kim Kardashian y muchos más).
Devorado por otro matrimonio fallido con Kim y la muerte de su gran amigo Proof –a quien le dedica el disco-, Em entró en una espiral descendente de drogas y alcohol que junto a la posterior desintoxicación (no se entiende bien que parte fue peor para él, si la enfermedad o la cura) constituyen la materia prima principal del LP. El inventario de drogas prescriptas e ilegales y los estados de ánimo grises pueden escucharse en “3 am”, “Deja vu” y “Hello”, entre muchas otras.
Dr. Dre fue el timón musical de esta gran nave averiada. Su trabajo parece haber sido acondicionar la música para lograr la misma desnudez que tienen las palabras. Quizá a excepción de los dos cortes, “Crack a bottle” y “We made you”, este es un álbum de poco adorno, con la enérgica voz de Eminem guiando el rumbo y marcando el ritmo (como en “Same song & dance”, un título para nada arbitrario), apoyada en la sola compañía de una melodía árabe zigzagueante (“Bagpipes from Baghdad"), un par de acordes salidos de un órgano (“Old time’s sake”) o una línea de bajo (“Hello”).
Nada muy nuevo, ¿no? No. Los años de exilio probablemente hayan elevado las expectativas de muchos, quienes aguardaban un regreso a todo trapo, el gran batacazo musical del año. Tal vez sea mejor ser realistas: el rap marca Eminem no admite grandes innovaciones desde lo musical y mucho menos desde lo lírico. "Slim Shady" hace en Relapse lo que siempre hizo: hablar mal de todos (de él mismo, de sus experiencias, de su mamá, de las celebridades) con su singular inflexión vocal y su flow tan distintivo. Y si hay algo en lo que este músico es bueno es en transformar sus miserias en canción.
Jesica Rosenberg