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JUANA MOLINA: "Todo me costó mucho"

En Argentina, toca para pocos. Pero en el mundo, Juana Molina es una artista de renombre, alabada por la crítica, y adorada por el público. Músicos ingleses y americanos besan sus pies. Y ella como si nada. ¿Cómo si nada? Bueno, algo así. Mejor que ella lo explique.

Refugiada en su hogar de General Pacheco, Juana Molina le escapa a los flagelos de la urbanización. A su alrededor, los sonidos alienantes de la gran ciudad son remplazados por silbidos de pájaros, hojas que caen sobre el césped y los ladridos de alguno de sus seis perros. Inserta en este clima bucólico, no asombra en lo más mínimo que la ex actriz cómica haya facturado canciones de una candidez casi mántrica y aromas a savia.
 
Con la placidez de su entorno cobijándolo todo, Juana creció bajo el ala protectora de David Byrne, recorrió el mundo, sus discos fueron reseñados por las revistas más prestigiosas del planeta y, por sobre todo, le abrió la ventana a un movimiento de folk última generación por donde se colaron Devendra Banhart, José González, Animal Collective y CocoRosie, entre otras noveles luminarias. En definitiva, aquello que esbozó con Segundo al comienzo del milenio, hoy es una marca registrada que erosionó en términos como Neo folk, Folktrónica y Freak folk.
 
Así, mientras prepara su set para presentar su flamante quinto álbum, Un Día, en el ND Ateneo (viernes 12) y el track que cantó para los Chemical Brothers, “Seal”, es un suceso desde Japón para acá, Juana Molina se sienta en el borde de su jardín para charlar amablemente y echar un poco de luz a los momentos claves de su, ya de por si iluminada, trayectoria.
 
Cuando te planteaste dedicarte de lleno a la música, ¿pensaste sinceramente que ibas a poder alcanzar tus objetivos?
 
Nunca me imaginé donde quería estar. Lo que sí imaginé es que quería hacer música. Ahora… ¿qué iba a pasar con eso? Por más que uno se imagina cosas, muchas veces son muy irreales, pocos tangibles y, sobre todo, poco claras las ideas. Uno cree que se imagina las cosas y después te das cuenta de que no te imaginas nada. Cuando te piden que expliques algo, te quedas “eeehhhhh”. Eso quiere decir que creías que sabías algo que, en realidad, no sabías. Cuando uno no puede explicar algo, hay una parte que falla. Lo único que decidí concretamente, es que no quería esperar a una próxima vida para hacer lo que quería. Sabía que, pasara lo que pasara, lo iba a hacer. Por diferentes motivos, me costó un huevo, pera ahora siento que está más encaminado todo.
 
¿Y cual fue el momento donde sentiste que todo se encaminó?
 
Fue un momento muy puntual donde se me mezcló todo: los prejuicios con los que yo venía más las inquietudes y los temores de mis primeros shows en vivo. Entonces, una vez en Chicago salí a tocar en una sala llena y cuando aparecí es como si hubieran volado nueve o un millón de moscas. ¡No pasó nada! Ahí, me agarró una desesperación que me llevó a imaginarme yéndome del escenario y no tocando. Total, ¿para qué? Si nadie había ido allí a verme a mi. En lugar de eso, pegué un vuelco como si mi vida musical transcurrió en un segundo y me puse a tocar. En ese minuto desapareció todo. Fue un momento muy revelador. O sea, dos años de psicoanálisis en un segundo (risas) En ese instante, también me dije: “No hay nada que yo pueda hacer para sacarle los prejuicios a la gente ni para que le guste ni para lograr los objetivos… Nada que dependa de mi puede cambiarlo”. Lo único que me quedaba era hacer mi show lo mejor que pudiera. Tenía que ser yo. Entonces, me puse a tocar y a los treinta segundos quedó toda la sala muda. Realmente hice un show muy introvertido y ensimismado. Saludé y me fui. Pero, me quedé como en un “estado”… Todo esto pasó un día del año 2003 o 2004, justo antes de tocar en Coachella.
 
¿Ves a Un Día como un manifiesto mucho más personal que los discos anteriores?
 
No. Además, porque en mi todo funciona de una manera inconsciente. La mayoría de las letras salen sin pensar y las dejo porque, en general, quedan bien con lo musical, tienen una relación íntima y son más honestas. No hay filtros. “Dar (Qué difícil)” salió tarareando y lo dejé. No dije: “No, no voy a poner esto porque va a quedar como que soy muy egoísta”. Por ejemplo, el disco tiene más cuerpo que los otros porque es algo que voy sintiendo y va sucediendo. Cuando actuaba esto era malo, porque es muy difícil, cuando hiciste muchas veces algo, volver a cero cada vez que repetís. Es como que te vas cebando, cebando, cebando, cebando y, al final, lo que estás haciendo es una mueca, una imitación burda de lo que hacías al principio. Me pasó eso con La Coreana, un personaje que a la gente le encantaba y a mi no me salía más. Era como una mueca de La Coreana, una parodia de mi misma. Hay muchos episodios que la gente sube a internet, yo los veo y me quiero matar porque aparece esa coreana que no es nada, no existe. Lo mismo, en este caso bien, pasa cuando estoy en un escenario y cada vez me voy cebando más. Entonces, cuando vuelvo, la energía que necesito para que las cosas suenen es cada vez más grande. Resumiendo: después de tocar tanto en vivo, este disco me salió así.
 
¿Cómo se dio la relación con los Chemical Brothers?
 
Por mail. Un día abrí mi casilla y tenía un correo de una tal Tom Rowlands, quien me ofrecía trabajar en un track para él… Pero con los Chemical Brothers hice lo que no había que hacer: rechazar los temas que me mandaron. El tema que están pasando ahora por la radio, es el tema que cuando lo escuché dije: “Ummm ese tema mucho no me inspira” (risas) Además, agarré esa muestra y la edité (risas) No es que me dije: “¡Uyyyy los Chemichal Brothers! ¿qué querés, que querés?”… No pude, no pude. Entonces, me mandaron un tercer tema que tenía una parte que no me gustaba, yo se la edité y ellos la volvieron a poner, dieron vuelta todo. Ese tema llamado “Seal” quedó solamente como bonus en la edición japonesa del último disco de ellos, creo que se llama We Are The Night. También, en el track, en la parte que no me gustaba, puse un teclado que voló a la mierda y sólo quedó mi voz (risas)
 
Este hecho, sumado al apadrinamiento de David Byrne más los elogios que recibió tu obra por parte de los críticos del mundo, hizo que, contrariamente a lo que pasaba en tus inicios musicales, exista cierto snobismo hacia tu figura… ¿Vos lo percibís también?
 
¡Por supuesto! Seguro. Pero creo que, más que snobismo, el hecho de que alguien respetado o que está considerado como que tiene una opinión válida, apadrine una música les da una seguridad que está bien. Son las dos cosas.
 
Gustavo Bove
 
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