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"4:13" – The Cure

Nuevas ropas para la vieja pesadilla

Desde que The Cure comenzara a funcionar como banda a fines de la década del ’70, la especialidad de la casa ha sido, más que la depresión y la angustia, los sueños; es la materia onírica lo que más ha transitado la obra de Robert Smith, que a estas alturas parece un personaje extraído de un film de Tim Burton.
 
4:13 no se aparta de la línea que The Cure ha desarrollado en estas tres décadas. Por lo tanto hay sueños y pesadillas (más de esto último) a granel en este álbum. Pero lo que sí hace de este disco algo especial, es que The Cure parece haber recuperado cierta frescura perdida por la repetición y los años, convirtiéndolo en el mejor trabajo del grupo desde “Wish” de 1992.
 
Para recuperar esa frescura, lo que ha hecho Robert Smith es quitar el tratamiento pesado que saturara a placas como The Cure, Bloodflowers, y Wild moon swings; esas capas interminables de guitarras y ecos aún subsisten, pero al ser menor la instrumentación (ahora son cuarteto), las melodías pueden apreciarse mejor y conseguir un poco de oxígeno que no asfixie (del todo) al oyente. Pero esto no sucede por casualidad, sino porque las canciones además de buenas, son inspiradas.
 
Esta nueva situación musical hace que los temas puedan tener cierta diferenciación entre sí, cosa que no sucedía en los últimos trabajos del grupo. Así las cosas, el oyente puede deleitarse con el número de apertura, “Underneath the stars”, que recuerda los grandes momentos iniciales del álbum Desintegration; las guitarras respiran y van tejiendo la telaraña para que Smith despliegue su tono de tarántula.
 
También hay cierto eco de momentos festivos, como los que solían aparecer en The head on the door, el disco que convirtió a The Cure en un número para las masas. “The only one” tiene una melodía atrapante, con delicados teclados como xilofones ornamentándola, y se constituye en simple obligado. Smith no escatima en generosas dosis de su falsete característico. Algo parecido sucede en “Freak show”, lo más cercano a la rumba que un grupo como The Cure puede ofrecer.
 
Después de 30 años, The Cure ha entrado nuevamente en la corriente ascendente, ya sin jugar el juego de “este-es-el-último-álbum-que-hacemos”. Quizás todo haya sido una broma que fue demasiado lejos y que, por lo escuchado, se terminó. 4:13 es una buena primavera para un grupo especializado en cantar las desdichas del invierno y que parecía estar congelado en su propia rutina.
 
Sergio Marchi
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