Como si fueran un producto de supermercado, los artistas del universo musical también atraviesan algo así como un ciclo de vida, que –a resumidas cuentas- consta de tres fases: un periodo de surgimiento, seguido del auge, y la inevitable caída. Con más de quince años en la ruta, casi una decena de álbumes editados, una buena cantidad de integrantes que rotaron por sus filas, con su líder dividiendo su tiempo entre Los Angeles y Buenos Aires y siete años de silencio discográfico era difícilmente predecible que Los Siete Delfines volvieran, ya en 2008, a protagonizar una nueva etapa de auge y prosperidad compositiva. Sin embargo, sorprenden con Carnaval de fantasmas, su nuevo material.
La banda de Richard Coleman decidió pegar el volantazo hacia una nueva dirección en el sucesor de Aventura (2001). El nuevo experimento, producido íntegramente por el mismo Coleman, recicla sonidos viejos y abraza nuevas influencias con el sello de los 2000. Los Siete Delfines dibujan un recorrido por las últimas tres décadas de música, paseándose un poco del dark ochentoso, algo de grunge y marcas electrónicas, pero siempre afincados en la potencia inoxidable del rock. Así desfila la melancolía hecha balada de “Carnaval de fantasmas”, la tormenta guitarrera de “Murciélago blanco”, “Subsonido” y su costado bailable y la interesante mixtura de guitarras acústicas y eléctricas de “Paradigma”.
Anclados firmemente en el rock de guitarras, Los Siete Delfines se apropian con frescura de elementos de diferentes géneros y estilos que contribuyeron a hacer de Carnaval de fantasmas un disco variado en el que perdura ante todo el vértigo y la contundencia de las nuevas canciones.
Coleman!!!!!! Una vez más, dejando sin palabras a quien lo disfruta. Las letras impecables, el sonido único y su presencia, como siempre, memorable.Siempre recomendables, Los Delfines!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!