Puede que su actitud canchera te fastidie, puede que odies sus álbumes y la manera en que calcan influencias sin molestarse por disimularlas pero hay algo que es difícil negar tratándose de Oasis: tanto en sus mejores trabajos como en sus discos más flojos, siempre se pueden encontrar dos o tres canciones verdaderamente grandes, de esas que se convierten en himnos, que pasan a la historia o que por lo menos te alegran un día gris. Hasta que llegó Dig out your soul y tiró todo por la borda.
En el séptimo material discográfico de la banda timoneada por los hermanos Noel y Liam Gallagher (los únicos miembros originales en pie) reina la suciedad y la psicodelia. Lejos de la época de baladas limpitas como “Don’t look bak in anger” o “Little by little”, el sucesor de Don’t believe the truth (2005) engendra una complicada arquitectura sonora: capas de sonido que se apilan, densidad sónica, guitarras que se arrastran y ritmos pesados; nada que no hayan hecho antes, pero tal vez nunca tan intensamente como en Dig out your soul. “Ain’t got nothing”, “Bag it up” y “Waiting for the rapture” son algunas muestras de éste estilo que gobierna buena parte del LP.
¿Hits? Poco y nada. Ni eso que trata de ser “la balada clásica del disco” (la poco destacada “I’m outta time”), el corte de difusión (“The shock of the lightening”, una tormenta eléctrica de guitarras), la infaltable pieza beatle (“Falling down”, que intenta recrear algo del caos aparente que rige “Tomorrow never knows” de Revolver) o la rareza (“Soldier on”, un peculiar blues…¿lisérgico?) rozan el estatuto de éxito en el álbum.
Si las melodías épicas eran el freno con el que se topaba Oasis en la ruta hacia la solidez, entonces no quedó más remedio que sacrificarlas. El vacío que dejaron las potenciales “Wonderwalls” fue recubierto por un manto heavy de guitarras superpuestas y anarquía contenida. Un cambio de enfoque que sin duda necesita de un buen pulido pero que promete un buen futuro para Oasis.