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PEPSI MUSIC 2008: Día 8

Metal, del oscuro y del glamoroso, en la octava jornada. De Vitico a Mötley Crüe, pasando por Rata Blanca, el día fue pura potencia.

Dentro del amplio abanico de propuestas que ofrece el Pepsi Music 2008, el rock duro no podía (ni debía) quedar afuera. Y finalmente tuvo su día alusivo en la octava jornada del festival. Como suele ocurrir en toda velada metálica, el color negro de las remeras y de las camperas de cuero dijo presente desde temprano en las miles y miles de almas que se acercaron al Club Ciudad. Pero como el broche de oro estaba a cargo de Motley Crue, los detalles glam también se hicieron notar, sobre todo en las atractivas féminas que, como en las viejas épocas del mítico Halley, sacaron a relucir sus botas, sus jeans ajustadísimos, aros gigantes y pañuelos a modo de bandana.
 
Más allá del vestuario típico, una vez más se evidenció el saludable apoyo que el público heavy les brinda a sus músicos, sin hacer diferencias entre consagrados y nuevos valores, desde el momento que el escenario 3 concitó la misma atención que los artistas principales.
 
En medio de un clima primaveral, D-Mente, El Club de Marilyn, MAD y Nativo, entre otros, abrieron el fuego para que Viticus diera el primer gran golpe del día. Con el flamante Viticus III  bajo el brazo, el quinteto liderado por Vitico demostró que para tocar rock´n roll en serio -con actitud y sin poses falsas- no es necesario ni obligatorio caer siempre en la “satánica” influencia de los Rolling Stones. Sonando duro y parejo, la banda despertó aplausos con “Un legendario”, “Sr. Rock´n roll”, las eternas “Mucho por hacer” y “Susy Cadillac” y su particular estilo que va desde AC/DC hasta el aire rutero de ZZ Top. Para los acólitos de Riff, Viticus asoma como una más que digna continuación. Tomen nota.
 
Como si estuviera preparado, el cielo se ennegreció y soltó las primeras gotas de lluvia con el arribo de Horcas. A pesar de que el sonido no ayudó demasiado, la agrupación comandada por el enérgico Walter Meza logró sacudir cabezas con su thrash absolutamente extremo.
 
Fiel a un universo plagado de alegorías medievales, potenciado aún más por imágenes dignas de “El señor de los anillos” disparadas desde las pantallas de leds, Rata Blanca demostró una solidez y una contundencia que nada debe envidiar a otros colegas extranjeros. Como un verdadero artefacto de precisión, el grupo fue, de principio a fin, un aceitado relojito que cautivó a sus fieles y numerosos seguidores. Sus historias de castillos, hadas, magos y caballeros ya son una marca registrada, como así también su metal de estilo clásico. Es posible que al mantener durante años una fórmula probada aunque algo huérfana de matices, después de varios minutos tanto el grupo como los reconocidos solos de guitarra de Walter Giardino resulten un tanto reiterativos para algunos. En su  momento, intentaron torcer el rumbo pero, a las claras, no funcionó. Y ahora, tanto a la banda como a sus seguidores, parece no importarles el hecho de conservar un esquema que, evidentemente, les da excelentes resultados. Entonces, ¿por qué cambiar? La inoxidable “La leyenda del hada y el mago” clausuró un rotundo set que, con la tormenta desatada, tuvo su plus heroico.
 
Egresado de los mismos claustros que una década antes frecuentaron pioneros como New York Dolls y Kiss, entre otros, Motley Crue tuvo su momento de gloria en los ochenta tanto por su contagiosa combinación de rock duro, glam metal, punk y baladas poderosas como por sus escándalos sexuales y también judiciales. Verdaderos paladines de la tríada conocida como “sexo, droga y rock’n roll”, el cuarteto californiano superó crisis, separaciones, intoxicaciones, etapas de rehabilitación y temporadas tras las rejas para confirmar que veinte años después aún tiene cuerda para desarrollar su divertida y un tanto circense mirada sobre el rock.
 
La lluvia torrencial que los acompañó a lo largo de los ciento veinte minutos de show no fue impedimento para desatar el delirio del público ante hits de la talla de “Shout at the devil”, la irresistible “Same ol’ situation” y “Girls, girls, girls” y disipar algunos agoreros rumores previos que, dadas las regulares críticas de su último álbum Saints of Los Angeles, ponían en duda su entereza escénica. Bien lejos del patetismo, Vince Neil se mostró más delgado y muy dinámico en el escenario como seguro en la vocalización; Nikki Sixx fue una verdadera muralla desde el bajo mientras que Mick Mars empuñó la misma vieja guitarra protagonista de mil batallas con su estilo efectivo y pirotécnico. Párrafo aparte merece Tommy Lee, vivado por todos tanto por su estilo “animal” tras los parches como por su carisma y entrega.
 
Montados a un rock enérgico, muy ganchero, y totalmente válido aunque sin demasiadas pretensiones, los “chicos malos” de Los Angeles bajaron el telón con “Dr. Feelgood” y “Home sweet home” e hicieron pasar un más que agradable momento a las veinte mil personas que encontraron lo que fueron a buscar. “Es menester que sea rock”, decía el inolvidable Pappo. Y en este octavo capítulo del festival, sus deseos fueron altamente cumplidos. 
 
Gabriel Hernando  
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